En la cabecera del informe se podía leer el nombre del autor: ‘Eduardo Estellez Ericsson‘, sin duda era alguien comprometido con sus ideales y eso no podía seguir así, alguien se tendría que encargar de él. Debían hacer que fijara su atención en objetivos más provechosos y dejara de soñar.
Eduardo estaba orgulloso del estudio que había realizado, gracias a su análisis podrían reducir la carga de trabajo de los empleados que tenían en las nuevas fábricas centroafricanas y seguir pagándoles el mismo sueldo sin perjuicio para la empresa. Después de todo la creación del comité de ética empresarial empezaba a mostrar sus frutos y él podría dormir ya no tranquilo sino incluso algo más, orgulloso por haber mejorado la vida de tanta gente. Cuando se planteó empezar el estudio del proceso de producción se aseguró de fijarse en los aparatos que tuvieran una demanda estable y para la que no se previeran aumentos de consumo, ello aseguraría que sus jefes no aprovecharían la ocasión para hacer trabajar las mismas horas a sus empleados pero con una mayor producción, por otro lado no podían reducir los salarios pues eso conllevaría que los trabajadores abandonarían las fábricas. Sabía que también se plantearían las reducciones de plantilla, pero que los habitantes de los alrededores de la fábrica constituían un pueblo vengativo cuando eran traicionados y siempre resultaría más caro contratar a mercenarios para proteger los talleres y almacenes que mantener a la gente en sus puestos de trabajo. Lo había planeado todo a la perfección, el mundo seguiría igual para los grandes señores pero habría mayor justicia.
La secretaria le había comunicado a su llegada a las oficinas que debía reunirse con sus superiores. Fue justo al entrar en su despacho que sonaron dos golpecitos a modo de aviso en la puerta de metal que había cerrado tras de sí.
- ¿Quién es? Entra
- Hola, venía a traerte un aviso, de aquí a 20 minutos tienes concertada una reunión con Eredyn y su equipo.
- Gracias Dana, por cierto ¿tienes planes para esta tarde?
- La verdad es que no, iba a llamar a mis padres que hace meses que no los veo desde que estoy aquí… pero eso no me llevará más de media hora y ya llevo tres días tirando de películas, palomitas y chocolatinas, ¡mi aburrimiento empieza a ser crónico!
- Bien entonces – dijo Eduardo sonriendo – creo que hoy me tendrás que considerar tu salvador. Tenía pensado ir a dar una vuelta por un camino que bordea la costa, empieza cerca del puerto. Después nos podremos dar un baño y ya nos iremos secando de vuelta, no hace falta que traigas toalla. ¿Qué te parece?
- Me encanta la idea – su mirada se volvió afable – te llamo en cuento acabe con mis padres, bueno sigo con el papeleo. Hasta luego.
Cuando Dana cerró la puerta pasó unos diez minutos perdido en sus pensamientos con la vista vagando entre la puerta y su escritorio, estaba seguro de que ese sería un día especial en todos los sentidos. Los diez minutos restantes los ocupó preparando la documentación que le haría falta para defender su propuesta ante sus superiores. Recogió todos los papeles, los metió en su vieja carpeta azulada que tenía desde su primer año en la universidad y salió de la habitación en la que había gestado aquel proyecto bloqueando la puerta con su llave electrónica.
Cruzó el pasillo dejando atrás las puertas de otros dos despachos vacíos, al fondo giró a la izquierda dejando a un lado los laboratorios en los que había estado realizando los ensayos con sus dos becarios Ann y Paul, avanzó quince metros y se encontró ante la entrada de la sala de reuniones. Pensó en Ann y Paul y como les alegraría que su proyecto se pusiera en marcha. Eran dos jóvenes brillantes y con principios, nunca se dejarían comprar, sus objetivos eran mejorar el mundo con sus conocimientos técnicos y no la riqueza individual que su brillantez les podía reportar.
Avisó de su llegada con dos golpes de sus nudillos contra la puerta.
- Pasa Eduardo, pasa. Te estábamos esperando – Eduardo abrió la puerta y avanzó, la sala era sobria y funcional, constaba de una mesa grande pero no gigantesca, con forma rectangular y bordes redondeados, era de color negro y tenía 9 pantallas multitáctiles incrustadas. La pantalla más grande era la central, las otras ocho se situaban una delante de cada una de las sillas ergonómicas. La mitad de las sillas era de color blanco y la otra mitad era de un color verde muy vivo, éstas se encontraban intercaladas de forma que su disposición, junto con la de la mesa, recordaban el logotipo de la empresa que pretendía recordar la forma de un microorganismo ciliado a la vez también daba la impresión de estar viendo un cadenado de motor. Había un solo sitio vacío y presupuso que estaba destinado a él, así que sin preguntar se acercó a la silla y se sentó, dejó la carpeta sobre la mesa y observó a los integrantes de la reunión.
Allí estaban Jean Collins, que era el jefe del departamento ingeniería bioquímica, Arthur Terense, uno de los asesores económicos más importantes de NullImpact, Antonio Mallin Jara, el mayor accionista de la empresa, Thomas Eredyn, el presidente, Marcos Tutusaus Bogdanov, el jefe de personal de la factoría de Batanga, Gerard Stahl, el jefe del departamento de ingeniería robótica y para acabar Lyna Repin, la encargada de infraestructuras y transportes. No había ningún orden especial en sus asientos, por lo que conocer el estatus de cada uno resultaba imposible si tansolo se observaba su vestimenta o posición en la sala, uno debía conocer por sí mismo el organigrama de la empresa. Ésto podía dar la impresión de camaradería e igualdad entre todos, pero sólo era una ilusión, pronto pudo comprobarlo al ver la cara de Mallin Jara mostrando su desaprovación porque se hubiera sentado sin tansiquiera esperar a que se lo ofrecieran. Eduardo pensó que una patada en el culo a ese imbécil podría ser instructiva a la vez que divertida, alguien le tenía que bajar los humos.
- Eduardo, ¿en qué se supone que has estado trabajando estos dos últimos meses? – Empezó diciendo Antonio – Hasta ahora no hemos visto resultados… y ciertamente, no sé que esperabas que pensáramos de todo esto.
- Si me permite señor Mallin, lo que he estado haciendo trata … – No acabó de responder cuando Lyna Repin le interrumpió.
- Según tengo entendido tu estudio implica que debería reestructurar la disposición de los talleres y empezar un proceso de transición para empezar a utilizar nueva maquinaria… que por casualidad ha sido diseñada por uno de esos becarios que te asignamos y que huyeron de aquí hacer dos semanas para fundar su nueva empresa.
- Como ya indiqué en el estudio esa maquinaria es sencilla de fabricar, tres factorías ya la están produciendo en India y su precio es reducido porque Ann y Paul cedieron el uso de sus patentes al dominio público, no tienen intereses creados en ello. No tendrían ni porqué comprar la maquinaria a su nueva empresa si creen que existe un conflicto de intereses.
- Esos.. Ann y Paul … ¿son tus… becarios? – Respondió Terense – ¿Como es posible que si eran tan buenos como para diseñar toda esa maquinaria no intentaras retenerles en la plantilla de NullImpact?
Eduardo se acordó de los problemas que habían tenido con Gerard Stahl y su negativa a reconocer que los méritos técnicos de aquellos dos jóvenes habían superado con creces todo lo que él había hecho en su vida, veinticinco años contra cincuenta, y en la mitad de tiempo habían hecho más del doble que el huraño Stahl. No podía responder en esos términos en aquella reunión, la venganza podría ser terrible.
- Sus intereses divergían de los de NullImpact, no los hubiera podido retener de ninguna forma. Hay que añadir a ello que creían que sus méritos no eran debidamente reconocidos por sus algunos de sus superiores y así no podrían impulsar la tecnología que habían creado.
- Supongo que no te estarás refiriendo a mi persona – Gerard habló algo exaltado – además… sabes bien que su tecnología era demasiado cara para integrar en nuestros talleres.
- Sus robots costaban lo mismo que los que utilizamos ahora mismo más el doble de lo que gastáis en mantenimiento cada año, el coste anual de su mantenimiento no asciende ni a una cuarta parte de lo que cuesta el de los que tenemos ahora. Según estos datos en poco menos de tres años habríamos amortizado el coste y a los cuatro ya habríamos obtenido ventajas económicas, aunque éstas sean demasiado leves como para que los presupuestos de NullImpact puedan ser más holgados.
- Precisamente por esos tres años en los que no habríamos recuperado la inversión no podemos aceptar la implantación de ese nuevo modelo. – dijo Thomas Eredyn – Nos tendríamos que deshacer de la maquinaria actual, y no podemos venderla porque pederíamos rápidamente el monopolio del que gozamos. La ley nos prohíbe producir excesivos residuos, el desmantelamiento y reciclaje podría alargar el período de amortización a 5 años.
Marcos Tutusaus saltó a continuación para defender la postura de la junta directiva.
- Por no hablar de la reducción de jornada de nuestro personal. No podemos rebajar su sueldo ni despedirlos, tendrán más tiempo libre y probablemente lo ocupen en trabajar para la competencia, esa gente siempre quiere más dinero. No podemos permitirnos ceder tanto capital humano, imagina además que no se nos hubiera ocurrido lo del desmantelamiento de la maquinaria. Nuestros operarios la saben manejar y serían contratados de forma instantánea por Gustav Linn, su compañía nos la tiene jugada. Da igual que no se la quisieramos vender a él, ya se encargaría de buscar intermediarios que no pudiéramos relacionar con su firma.
Mallin Jara continuó el ataque.
- Si la capacidad de producir esos nanorobots-vacuna cayera en manos de otra empresa los precios caerían en picado y tu departamento sería el primero en desaparecer, es claramente el más prescindible tal y como nos has demostrado con este patético estudio y representa un claro riesgo para nuestros accionistas y la continuidad de NullImpact como primera potencia mundial en nanorobótica médica.
- Me preguntaba – empezó a responder Eduardo para defender sus ideas – si nuestros accionistas realmente necesitan más dinero del que ya tienen ya o si notarían realmente un descenso en su calidad de vida si redujeran sus ingresos en un 5%, me preguntaba si una acción como ésta no consolidaría a nuestra compañía como una firma ética y que valora a sus trabajadores.. si esta acción no cristalizaría en una mejor imagen de nosotros hacia el mundo, y, piensen, señores, si Ann y Paul no les harán la competencia en cuanto obtengan los primeros ingresos por sus invenciones. Está claro que éstas no serán sus últimas creaciones, y han demostrado sobradamente que tienen una gran capacidad para superarse a sí mismos y a todos los demás. ¿Realmente los quieren como enemigos?
- Eduardo, – dijo Arthur Terense – estás despedido.
Jean Collins lo miró sorprendido, su cara había ido mostrando mayor preocupación a medida que avanzaba la reunión. Claramente no comulgaba con la línea imperante en NullImpact pero siempre había sido demasiado produente o «cobarde» pensó Eduardo, como para plantar cara a ese grupo de desalmados. Marcos acercó sus manos a la pantalla táctil y empezó a realizar operaciones que Eduardo no podía ver, supuso que talvez estaba desactivando todos sus códigos de autorización en aquel mismo instante. No querían perder ni un segundo. Al pensar esto Eduardo reaccionó de inmediato, intentó acceder rápidamente a su máquina para salvar algunos datos, introdujo su memoria portátil en la ranura y empezó a transferir datos cuando de repente se bloqueó su terminal y recibió un aviso indicándole de que no tenía permisos para continuar tratando con esos datos. Miró fijamente a Marcos con fuego en sus ojos, éste a su vez respondió con una sonrisa torcida y recostándose en su silla, cruzó sus brazos y alzó su barbilla con altanería. Eduardo retiró su memoria, se alzó y fue a buscar sus cosas para marchar lo antes posible de aquel sitio infestado de todo tipo de animales venenosos. Jean siguió sus pasos con un deje de tristeza en su mirada, algo se había roto dentro suyo, aún no sabía que era pero pronto lo descubriría, ésta vez no se iba a quedar parado.
Cuando Eduardo estaba entrando en su habitación notó que alguien le apoyaba una mano en el hombro derecho, se giró y vió a Jean.
- ¿Ahora también me vas a impedir que acceda a mi habitación? – dijo bruscamente – Cobardes, míseros cobardes, traicioneros, avariciosos y rastreros, eso es lo que sois todos. Me dáis verdadero asco. – Su nariz arrugada y su entrecejo fruncido denotaban rabia y rencor.
Jean pareció compungido por su reacción.
- Edu… lo siento, de verdad. No estoy con ellos, mañana mismo dejaré la junta, pero antes tengo que recuperar todos tus datos y devolvértelos.
El rostro de Eduardo cambió de golpe, durante un instante mostró sorpresa y de repente se mostró afable.
- No sé si serviría de algo… tienen todos los derechos sobre mi trabajo, lo han pagado. Firmé un contrato de confidencialidad, la ley está siempre con los fuertes… aun así, gracias por la propuesta.
- No tengo claro que si realmente queremos luchar contra todo esto podamos hacer algo si nos ceñimos a la legalidad, ¿no lo crees así? ¿Qué nos impide vulnerar las leyes? El castigo por el delito se recibe después de haberlo cometido, no antes, y siempre podríamos ocultarlo.
Eduardo volvió a mirar a Jean, le sonrió y entró en la habitación. Nunca más pensaría que era un cobarde. Lo recogió todo y lo metió en dos maletas a las que poco les faltaba para explotar. Ésa misma tarde quedó con Dana y pasearon por la costa, vieron el sol ponerse e hicieron el amor durante toda la noche. Él marcharía en dos días, en cuanto pudiera disponer de un avión, y probablemente no se verían en mucho tiempo. Dana no podía ocultar su tristeza, se conocían desde hacía poco pero no creía que pudiera encontrar a nadie parecido nunca, acordaron verse al mes siguiente. Él estaría en Italia visitando a algunos amigos, así que se verían allí.
Al día siguiente Jean entregó todo cuanto pudo a Eduardo, que era casi todo, y minutos más tarde anunció su dimisión. Por lo visto había estado siguiendo los movimientos de Eduardo para reservar un avión y decidió seguirle los pasos, así que los dos marcharon juntos. Durante el viaje trazaron planes de futuro aunque los dos sabían que la mayoría de esas divagaciones nunca se plasmarían en nada tangible, no por eso era menos interesante especular sobre como serían sus vidas a partir de aquel instante. Se separaron en Madrid, Jean se dirigió a Dublín y Eduardo fue a Estocolmo.
Durante la semana siguiente leyó en un diario minoritario que se había realizado un exterminio de la mitad de la población de Batanga, en la costa de Gabón, segun el diario el conflicto había sido producido por disputas tribales relacionadas con la pesca. La empresa NullImpact había reducido el horario de trabajo de sus trabajadores a la mitad sin reducir sus respectivos sueldos gracias a una nueva tecnología desarrollada en sus laboratorios, con lo que éstos aprovecharon su tiempo libre para pescar y aumentar sus ingresos familiares. El aumento de la actividad pesquera empezó a reducir los beneficios de aquellos que se dedicaban profesionalmente a la pesca y el conflicto se desató de forma inevitable dada la falta de regulación laboral en el país. Paralelamente NullImpact estaba construyendo un nuevo museo dedicado a la nanorobótica médica en el que incluirían su vieja maquinaria, y que destinaría parte de sus ingresos a los familiares de los fallecidos en el conflicto. Estaba todo atado y bien atado.